Hay algunos términos técnicos de la psicología que se han popularizado y que actualmente se tienden a usar indiscriminadamente para describir lo que sentimos, haciendo referencia a una serie de síntomas que pueden aparecer en diferentes situaciones, sin necesidad de que sean sinónimos de padecer ninguna patología.
Este es el caso del estrés y la ansiedad, términos que solemos utilizar y escuchar muy a menudo, ya que se trata de afectaciones muy extendidas en la sociedad actual.
Un estudio realizado en 2018 por el Consejo General de la Psicología de España, concluye que nueve de cada diez españoles (96%) han sentido estrés en el último año, y que cuatro de cada diez (42,1%), lo han hecho de manera continuada en el tiempo, provocando en muchos de los casos, trastornos de ansiedad.
ES MUY IMPORTANTE QUE SEPAMOS IDENTIFICAR LO QUE ESTAMOS SINTIENDO PARA PODER ATENDER A LO QUE REALMENTE NOS PASA. Estos dos términos que suelen confundirse entre sí por lo que hoy vamos a explicar en qué se diferencian.
- ¿Qué es el estrés?
Primero vamos a definir ambos conceptos. El estrés es una respuesta fisiológica que se da ante ciertas demandas que encontramos en los contextos en los que nos movemos para poder activar los recursos de afrontamiento con los que cada persona cuenta y que pueda ponerlos en marcha. Es decir, para que haya estrés, debe haber una serie de estímulos en el ambiente (laboral, familiar…) que nos produce una sobrecarga y da lugar a emociones negativas como puede ser irritación, enfado o incluso cansancio.
Primero vamos a definir ambos conceptos. El estrés es una respuesta fisiológica que se da ante ciertas demandas que encontramos en los contextos en los que nos movemos para poder activar los recursos de afrontamiento con los que cada persona cuenta y que pueda ponerlos en marcha. Es decir, para que haya estrés, debe haber una serie de estímulos en el ambiente (laboral, familiar…) que nos produce una sobrecarga y da lugar a emociones negativas como puede ser irritación, enfado o incluso cansancio.
- ¿Qúe es la ansiedad?
La ansiedad también es una respuesta fisiológica, en cambio, no es una respuesta a un estímulo estresante concreto. Para entenderlo mejor, la ansiedad se manifiesta como un malestar continuo y limitante en nuestra vida cotidiana, que tiene más efecto a nivel cognitivo o psicológico, sin ser una respuesta a un estímulo concreto como el estrés. La ansiedad se manifiesta en forma de preocupaciones, haciendo que quien la padece sienta como amenazantes situaciones que no tendrían por qué serlo, alterando el comportamiento de individuo e influyendo en su vida diaria, limitando a éste en diferentes áreas.
- Diferencias entre estrés y ansiedad.
Aunque algunos síntomas físicos del estrés y la ansiedad pueden parecerse, apareciendo en ambas afectaciones alteraciones en el estado de ánimo, mareos, cansancio o hiperactividad entre otros, las diferencias entre una u otra radican en su causa u origen y duración, principalmente.
En cuanto al origen, el estrés tiene unas causas externas y fáciles de localizar como pueden ser, por ejemplo, tener un problema con un compañero de trabajo, una discusión con una amiga o dificultades económicas.
En la ansiedad no hay un origen tan explícito. La ansiedad puede aparecer por la exposición continuada a situaciones estresantes, o porque los rasgos de tu personalidad contribuyan a que haya más riesgo a padecerla, entre otros factores.
Atendiendo a la duración, identificamos que se trata de estrés, cuando los síntomas desaparecen una vez que nos alejamos del foco que lo produce o cuando el evento estresante acaba. En cambio, si padecemos ansiedad, los síntomas y el malestar continúan estando a pesar de que no haya un estímulo estresante presente.
La Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (2018) aconseja prevenir y tratar los primeros síntomas que aparezcan para combatir de forma eficaz la ansiedad, y concluye que asistir a terapia es la clave para la modificación de las percepciones y conductas de la persona que padece esta afectación, ya que generalmente en estos casos, acudir al psicólogo aporta mejores resultados que el uso de fármacos.


